18.1.07

Ni talante ni talento

El presidente del gobierno habla constantemente de diálogo, de buscar el máximo consenso en materia antiterrorista y la unidad de los demócratas, pero en el mismo momento trata de aislar de modo flagrante y cerril al Partido Popular, legítimo representante en las cortes de la mitad de los españoles.

Antes de acceder al gobierno de la Nación, el Partido Socialista firmó con la Esquerra republicana y con Iniciativa per Cataluña el llamado Pacto del Tinell, que excluía explícitamente la posibilidad de ningún pacto con el PP. Firmó, por tanto, la renuncia al consenso e incluso al diálogo previo.

En septiembre de 2006 el PSOE se alió con el resto de fuerzas parlamentarias para bloquear cualquier iniciativa del PP en el parlamento que tuviera como tema el mayor atentado terrorista de la historia de España, que tuvo lugar el 11 de marzo de 2004. Trataron de impedir, por lo tanto, que no se pudiese preguntar en sede parlamentaria por acontecimientos tan trágicos y de los que únicamente conocemos novedades en la investigación gracias a algunos medios informativos.

Solo cuatro meses después, y tras el atentado de ETA en la T-4 de Barajas, el PSOE ha vuelto a aliarse con los partidos minoritarios de la oposición para impedir que el Partido Popular participe en el debate parlamentario en un tema tan relevante como es la lucha antiterrorista, que es donde, según todas las encuestas, los españoles más urgen a los políticos a ponerse de acuerdo.

El partido del gobierno trata de impedir la labor que la oposición tiene encomendada y trata de evitar que diez millones de ciudadanos puedan, a través de sus legítimos representantes, participar de la política nacional. Y lo hace aludiendo a un consenso falsamente casi unánime, haciendo prevalecer el número de partidos sobre el número de escaños, como si, por ejemplo, valiesen más los votos de Nafarroa Bai, Eusko Alkartasuna y la Chunta Aragonesista (3 escaños, menos de 250.000 votos) que los 148 escaños y casi diez millones de votos del PP. Como si no importase el respaldo que cada partido lleva consigo, como si la democracia se basase en un voto por partido y no en la representación proporcional. El resto de partidos de la oposición no llegan a la cuarta parte de los escaños del Partido Popular, y se pretende presentar en la política actual una situación peculiar: La legítima oposición es la de los partidos minoritarios, que apoyan casi incondicionalmente al gobierno y que se suman a cuantos consensos y acuerdos son necesarios con el PSOE, conozcan su contenido o no. El Partido Socialista gobierna con una oposición con la que dialoga, consensúa y talantea con fluidez y eficacia. El PP, por su parte, desempeña el rol de quien tratar de usuarpar la posición de la oposición en unas Cortes a las que nadie parece haberle invitado, y se dedica, fundamentalmente a evitar que la situación política española sea un mar de consenso y felicidad porque no asume ciegamente los postulados del Presidente.

Esa posición de los populares es indignante para gobierno, legítima oposición y artistas, tercer sustento del gobierno, que no comprenden cómo es posible que un grupo político discrepe de las iniciativas seguidas por el Presidente de la que quisieran Répública de Este País.

La realidad, tozuda, es muy distinta al mundo maravilloso que describe Gustavo Bueno en "Zapatero y el pensamiento Alicia", en el que sólo el Partido Popular impide la paz y la tranquilidad en los ciudadanos españoles. La realidad, obstinada, insiste en que es ETA quien maneja a su antojo pistolas y reuniones, explosivos y comunicados, extorsión e interlocución al más alto nivel, impidiendo a los ciudadanos pasear por la calle sin temer que el siguiente coche que traten de superar explotará llevandose por delante su vida y la de su familia pero manteniendo intacta la intención de su Presidente de seguir compartiendo mesa y mantel con los responsables de tan abyecta forma de entender la política para intentar llegar a una solución dialogada del conflicto que supone que sus interlocutores maten para imponerse.

La realidad, terca, insiste en que ETA no tiene la más mínima intención de disolverse y debatir sus pretensiones políticas con el único arma válido en democracia, la palabra. ETA roba pistolas, extorsiona a empresarios para financiarse, amenaza, atenta y asesina, es decir, lo de siempre. Pero nuestro Presidente con la contumacia indisculpable por ocupar el cargo que ocupa opina, alegremente, que tiene una inequívoca intención de dejar las armas, y por eso inicia un diálogo con los asesinos amparado en la resolución del Congreso que votó el partido del gobierno con la "legítima oposición".

La realidad, persistente y clara, nos dice que Arnaldo Otegui, además de representar a ETA, justificarla y exaltarla, intentó secuestrar a uno de los padres de la constitución, Gabriel Cisneros, llegando a dispararle por la espalda e hiriéndolo. También secuestró al empresario Luis Abaitúa. Hoy es el día en que todavía no hay condenado ni uno solo de los atentados terroristas de la banda. No obstante, nuestro presidente nos lo presenta como un "hombre de paz".

La realidad, cabezota, nos dice que De Juana Chaos asesinó a 25 personas y defiende su actuación siendo un conocido apologeta del terrorismo, algo por lo que también está siendo juzgado. Y nuestro Presidente, obcecado, nos lo presenta como alguien "a favor del proceso de paz". Y nos lo dice el mismo día que empieza el juicio, con la intención nada velada de influír en la decicisón de los jueces, como influyó en la rebaja en la petición de condena que realizó el Fiscal General del Estado, que sustituyó los 96 años de prisión que pedía por sus últimas arengas terroristas por 6.

La realidad, tenaz, nos dice que el Tribunal Supremo ilegalizó a Batasuna y organizaciones satélite por ser parte de la organización terrorista ETA, y la justicia ha suspendido sus actividades. Sin embargo, nuestro Presidente, nos aconseja que "tengamos en cuenta" las palabras que pronuncia esta organización en las ruedas de prensa que organiza sin que nadie se lo impida.

La realidad, firme, constata con el atentado de la Terminal 4 de Barajas que la banda terrorista ETA se ha rearmado y reorganizado tras la merma sufrida en la aplicación de la política antiterrorista de acorralamiento y asedio que se le aplicó en los últimos años del gobierno de Aznar. Nuestro presidente, cándido o embustero, nos aseguraba el día anterior que el proceso iba bien y que el año que viene, éste, estaríamos mejor que el anterior.

En definitiva, los hechos nos han desmentido el talante dialogante, moderado y respetuoso de Zapatero, así como su supuesta sana intención, voluntad y sinceridad. Zapatero se ha revelado como un presidente radical, apegado al sillón de la Moncloa, incapaz de asumir compromisos de Estado y presa capturada de unos y de otros. De nacionalistas, separatistas y terroristas. Unos y otros, cuando no todos juntos, imponen al presidente de España las políticas o ausencia de ellas que deben guiar los designios de esta gran Nación, que fue y será España.