23.2.07

La "paz" de Afganistán

Al hilo de la tradición socialista, en los que unos buscan el progreso (ellos) y otros su beneficio propio (los demás), la polarización entre guerra y paz responde a la necesidad de explicar, de manera sucinta, la cualidad de los dirigentes políticos. La necesidad de presentar a la derecha como personas broncas y ansiosas de provocar guerras se fundamenta en la búsqueda de la imagen resultante en la que la izquierda emerge entonces como adalides de la paz universal, en una manifestación estética más digna de Miss España que de una persona con responsabilidades de gobierno.

Zapatero nos quiere convencer de que en un "conflicto", los malos están en guerra y los buenos en misión de paz. Es decir, que unos buscan el conflicto y los otros la resolución, unos la violencia y los otros la paz. En la dialéctica de Zapatero no existe la justicia o la libertad porque guerra y paz, además de la novela de Tolstói, son palabras más sencillas para explicar la realidad de nuestro presidente. Me refiero a la realidad que nos quiere vender.

La concesión de la Cruz del Mérito Militar con distintivo amarillo, destinado a misiones humanitarias, no es sino otro intento de disfrazar la realidad de la presencia española en Afganistán. La última resolución del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas (1707) reconoce la actuación del Consejo en virtud del capítulo séptimo de la carta de Naciones Unidas, que hace referencia a las actuaciones "en caso de amenazas a la paz, quebrantamientos de la paz o actos de agresión" y no el que correspondería en el caso de que Zapatero dijese la verdad, el capítulo sexto, que hace referencia al "arreglo pacífico de controversias".

El enésimo intento del gobierno por diferenciar entre la guerra de Iraq y la de Afganistán, ambas con participación española bajo bandera de la ONU, ambas lideradas por Estados Unidos, y ambas parte de la guerra contra el terrorismo, no hace sino volver a dejar en entredicho la política exterior inconsistente del ejecutivo, incapaz de reconocer en España que apoya la lucha contra el terrorismo internacional, e incapaz de reconocer fuera de ella que no la apoya. El resultado, en una suerte de perro del Hortelano, es que ni Estados Unidos ni la ONU creen que en España tienen un aliado firme y fiable, ni en España se aprecia un presidente realmente comprometido con el antibelicismo que predica.

Nueva falta de liderazgo de un presidente débil y sin proyecto propio.