11.4.07

Repostería de explosivos

Los análisis de los explosivos que asesinaron a 191 personas en los trenes de Madrid están derivando en la más contumaz y torticera interpretación de informes científicos a la que hemos asistido en décadas.

La persistencia interesada en mantener una versión de los hechos independientemente de las pruebas ha llevado a una situación trágicamente cómica que se prolonga, además, por la tardanza en conocer los resultados definitivos de los informes periciales.

Para no perdernos en términos nitrotonuelaicos, hablaremos de los restos de un dulce de los que queremos conocer su origen. Resulta que a la vista de los restos, unos dijeron que casi siempre que aparecían restos de dulces, el repostero era el mismo, y hacía bizcocho de almendras. Sin hacer ningún análisis, el analista oficial dijo que sin lugar a dudas los restos correspondían a un caramelo de limón sin azucar, ¡y basta ya!

Un responsable de la investigación, dijo que sabían que había sido un dulce porque habían encontrado azucar, y todos los dulces llevan azucar. El azucar encontrado fue el que le llevó a la conclusión de que era un dulce. Cuando se le puso de relieve que el caramelo de limón sin azucar, NO lleva azucar, dijo que había sido un error, que donde había dicho azucar quería decir dulce. Esto es, supo que era dulce porque había encontrado un componente de los dulces: el dulce.

Pasados tres años, el inspector de sanidad ordenó que se analizaran los restos, para certificar si, como decía el analista oficial, los restos del dulce encontrado correspondían a un caramelo de limón sin azucar. El informe obtuvo dos componentes: agua y harina. El caramelo de limón sin azucar se hace con agua, pero no con harina. Unos dijeron que como el bizcocho lleva agua y harina, era probable que los restos correspondieran a ese postre, pero el analista oficial se apresuró a asegurar que el informe demostraba que los restos correspondían a un caramelo de limón sin azucar CONTAMINADO con harina, pero que en ningún caso podía tratarse de un bizcocho de almendras.

Al cabo de unos días se supieron más datos de informe, y se hayaron tres ingredientes: agua, harina y azucar. El caramelo de limón sin azucar, por definición, no lleva azucar. El bizcocho de almendras, lleva los tres ingredientes. Unos pensaron que lo lógico era que si en la mayoría de las ocasiones en que encontramos restos de dulce, son de un bizcocho de almendras, y de los tres ingredientes que han aparecido, los tres corresponden a este postre, pues es posible que en esta ocasión también fuese así. Pero el analista oficial sentenció: aunque no haya aparecido limón, es caramelo de limón sin azucar, CONTAMINADO con harina y con una parte mínima de azucar probablemente por otra contaminación.

Corresponderá al jefe de cocina estimar qué dulce amargo es el que probaron 191 personas en Madrid, intoxicadas por la abyecta lógica de los reposteros de la muerte, y corresponderá también a los analistas oficiales explicar, si se confirma la inviabilidad del caramelo de limón, por qué esa insistencia cerril, esa imperiosa necesidad de identificar ese dulce concreto frente a la marea de pruebas en contra.

Quizá porque se acusó de forma feroz al anterior jefe de ocultar que era caramelo de limón, y el analista oficial consiguió dirigir el restaurante por quienes creyeron en la mentira, y ahora no quiere perder su puesto. El dulce mortal para tanta gente también resulta indigesto para el jefe.

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