21.6.07

Israel en el polvorín

Existe la creencia asentada en muchas personas, especialmente en la izquierda, de que Palestina es un Estado con una tradición histórica envidiable que se ha visto abruptamente interrumpida con alguna suerte de invasión judía para imponer unilateralmente un Estado sionista que nada, o casi nada, tiene que ver con la tierra de los árabes, lo cual es absolutamente falso.

No está de más hacer un breve repaso por la historia de los territorios en liza porque nos permite tomar los conflictos presentes con la perspectiva necesaria para formarnos una opinión tanto de las motivaciones como de la legitimidad de unos y otros y, por lo tanto, de la orientación que debería tomar la solución.

El lugar donde hoy se sitúa el Estado de Israel fue cuna tanto de la religión judía como de las primeras ciudades del mundo, en pleno neolítico. 1300 años antes de Cristo numerosas tribus hebreas, descendientes de Jacob y Abraham, se situaban en la ribera del río Jordán, y sobre el 1000 antes de Cristo se formaron dos estados confederados: el reino de Israel y el reino de Judá. Los judíos fueron expulsados de su tierra bajo el Imperio romano, tras varios periodos de independencia, y la tierra de Israel pasó a denominarse "Palestina", gracias a los filisteos.

Los judíos de la diáspora ansiaron regresar a su tierra, lo que intentaron en varias ocasiones, produciéndose oleadas migratorias, como las de 1209-1211, 1258, o 1266.

En el 639 después de Cristo, los árabes conquistaron el territorio, imponiendo un estado islámico que, en formas diversas, duró hasta 1516 siendo interrumpido solamente por el establecimiento del Reino de Jerusalén durante las cruzadas. Al año siguiente fue anexionado por el Imperio otomano, que duró hasta 1917. La comunidad judía, durante todo ese tiempo, permaneció de una forma muy reducida en tierra palestina. Entre 1881 y 1896, en Jerusalén, la población judía pasó de representar un simbólico 5% del total a convertirse en mayoría absoluta en la ciudad, construyendo barrios de viviendas a las afueras del casco antiguo. Este aumento se debió, fundamentalmente, a las persecuciones de los judíos en Europa.

A principios del siglo XX, con el surgimiento del sionismo, se produjeron numerosas emigraciones de judíos a Israel, que fundaron el primer kibutz. Compraron tierras y comenzaron con la agricultura.

Tras la primera guerra mundial, la caída del imperio Otomano y la administración de la tierra Palestina por parte del Reino Unido por mandato de la Sociedad de Naciones, se produjeron nuevas oleadas de inmigración de judíos en la disputada tierra, creciendo la tensión que siempre había existido entre éstos y los árabes. Con el avance del nazismo en Europa, se provoca una nueva oleada de emigración a Israel (aliyá). Sin embargo, la idea británica de principios de siglo de fundar dos estados en tierra palestina se diluye durante la Segunda Guerra Mundial, cuando se prohíbe a los judíos establecerse en Palestina.

Al término de esta guerra, la recientemente creada Organización de Naciones Unidas establece un plan para repartir la tierra palestina entre árabes y judíos. El 14 de mayo de 1948 se proclama el Estado de Israel, a pesar de que la Liga Árabe no había aceptado la resolución de la ONU, con lo que al día siguiente los cinco países árabes vecinos declaran la guerra y tratan de invadir Israel, fracasando hasta tal punto que los hebreos consiguen un 26% de territorio adicional. Después vendrían las guerras de Suez, y la guerra de los seis días, donde conquistarían Cisjordania y los Altos del Golán, ocupados pero no anexionados.

El terrorismo islamista aumentó en la zona como lo hizo en el resto del mundo. Hamás fue fundada a finales de los años 80, durante la primera Intifada, creándose oficialmente su brazo armado, las Brigadas de Izzedín al-Kassam, en el año 91. La expulsión de unos cientos de militantes al sur del Líbano facilitó las relaciones de Hamás con Hezbulá, que les enseñó la técnica del atentado suicida.

Hamás no reconoció los acuerdos de Olso entre Arafat e Isaac Rabin y empezó a hacerse fuerte como alternativa a Al Fatah, a quien también trata de destruir, hasta ganar recientemente las elecciones legislativas.

El cuarteto de Madrid, es decir, la Unión Europea, la Federación Rusa, Estados Unidos y la ONU, impusieron a Hamás tres condiciones para reconocer como interlocutor al ejecutivo surgido de las elecciones legislativas palestinas. Estas condiciones le permitirían también recibir ayuda y cooperación internacionales. Estas tres razonables condiciones consistían en la renuncia de Hamás al terrorismo, el reconocimiento del Estado de Israel y el reconocimiento y respeto de los acuerdos con este estado firmados por las anteriores administraciones Palestinas.

La organización terrorista, fiel a su tradición no ha cumplido ni una sola de estas condiciones, y solo persigue la desaparición absoluta de Israel, lo que trata de conseguir a través de la actividad terrorista. Recientemente ha emprendido una campaña que se ha saldado con la conquista de la franja de Gaza y tratará de hacerse con Cisjordania, a pesar de la menor influencia que tiene en la zona.

Todas las organizaciones terroristas, de un modo u otro, acaban entablando relaciones. Hamás las tiene con Hizbulá en el Líbano, donde también opera Fatah al Islam, y ambas están fuertemente financiadas por Irán, enemigos todos ellos de Israel y por extensión del resto del mundo occidental, empezando por Estados Unidos. Coinciden en sus odios con Al-Qaeda, con lo que la red total de organizaciones terroristas con objetivos comunes es de una magnitud que no debemos ignorar.

En un mundo globalizado no se pueden estudiar los comportamientos de los países, de los gobiernos o de los terroristas de un modo aislado, porque lo que pasa en Irán afecta a España, como lo que pasa en el Líbano afecta a los Estados Unidos. Iraq, Afganistán, Pakistán o India son parte del gran polvorín en que oriente se convierte ante la pasividad de muchos occidentales, estrechos de miras, a los que los árboles no les permiten ver el bosque.

Es en este escenario en el que los países con responsables atentos a la situación deben presionar en las Naciones Unidas para tomar las medidas necesarias para garantizar la paz y la seguridad en el mundo. Urge y se puede hacer. Hagámoslo.

6 comentarios:

Butzer dijo...

Muy buena recopilación. Cabe también aclarar que si los países Árabes no gozaran de su riqueza petrolífera otro gallo cantaría. Así cuando dichos pozos se terminen, el chollo se les habrá acabado. Y no tendrán tanto poder financiero para que algunos de estos financien a terroristas.

fernando dijo...

Muy buen análisis. Aís conocemos mejor la realidad de Israel y del Oriente Próximo.

Ojalá aquella zona deje de ser tan conflictiva algún día.

Montse dijo...

La historia...

El Reino Unido y EEUU, Argentina y Las Malvinas, Cuba y España, EL Sahara, Gibraltar, el islote Perejil... - si entro en África no saldría nunca-.

Ahora la verdad es que Israel machaca con la bendición de EEUU.

No creo que baste recordar la historia para que el conflicto termine.

Y los de izquierdas - a pesar de que al inicio de tu post nos taches de ignorantes- creemos lo que vemos y deseamos un mundo mejor para todos - suena utópico pero es posible-.

Pache dijo...

El deseo de un mundo mejor no es exclusivo de la izquierda, sino que es un deseo compartido por todo ser humano digno de ese apelativo. Pero desearlo no es suficiente para que los conflictos se terminen. Hacen falta políticas activas, principios, normas, decisiones y mucho trabajo.

No recuerdo la historia para que el conflicto termine, sino negar una versión, popular entre la gente de izquierdas, de que los judíos están ocupando una tierra que es palestina por derecho y tradición.

Rodeada de países árabes hostiles, Israel no machaca, se defiende de quienes pretenden hacer desaparecer a todos los judíos de la región.

Montse dijo...

¿Que se defiende?
Sí.
Matando moscas a cañonazos.

¿Deberíamos recordar a Ariel Sharon entre los mejores mandatarios de la historia?

Por favor, cuando recuerdes la historia no te olvides de pequeños detalles como las matanzas de Sabra y Chatila o la ocupación de suelo palestino cuando este gran hombre levantó un gran muro.

Es costoso ser objetivo. No banalices nuestras ideas. Las tuyas son fruto de la misma cepa.

Pache dijo...

No he recordado las matanzas de Kab Elias, Damour, Jieh, Hoche Barada, Aintours, Emir Bechir, Checa, Khyam, Kaa, Ras-Baalbeck, Niha, Deir Bella, Douma, Zahlé, etc. Tampoco he recordado, por lo tanto, los también terribles sucesos de Sabra y Chatila, donde las Falanges de Elie Hobeika asesinaron a unos cuatrocientos civiles palestinos en 1982. Y como no he recordado Sabra y Chatila, no he mencionado que en 1985 los sirios asesinaron en la misma Chatila a 600 civiles.

No banalizo ninguna idea, sino que identifico a una corriente dentro de la izquierda que tratan de simplificar hasta un extremo absurdo el conflicto de oriente próximo, reduciéndolo a que los judíos son muy malos, muy bestias y tienen tanques, y los palestinos, pobrecitos, no tienen tierra y se pelean con piedras.

Y no es así.