8.6.07

Montesquieu ha muerto

Charles Louis de Secondat, Barón de Montesquieu, describió en "El espíritu de las leyes" (1748) el modo en que los poderes ejecutivo, legislativo y judicial deberían estar en manos distintas como forma de protegerse del despotismo. La separación de poderes y el constitucionalismo constituyen los principios característicos del Estado de Derecho moderno.

Durante la Ilustración numerosos autores coincidieron en la necesidad de la división de poderes que finalmente se impuso en los modernos Estados-Nación. La mayoría de ellos se consideran precursores o con gran influencia en la creación del liberalismo, como John Locke, Jean-Jacques Rousseau o el propio Montesquieu.

Este último, tras describir los tres poderes en la citada obra, estudia los efectos de la conjunción de varios de ellos en una misma persona. En todos los casos el resultado es el mismo: se podrían producir abusos, tiranía y falta de libertad. Si el legislativo y el ejecutivo coinciden, no hay libertad porque es de temer que "hagan leyes tiránicas para ejecutarlas del mismo modo". Si el judicial está unido al legislativo, "el imperio sobre la vida y la libertad de los ciudadanos sería arbitrario, por ser uno mismo el juez y el legislador". Estando unido al ejecutivo, "sería tiránico, por cuanto gozaría el juez de la fuerza misma que un agresor". Dice Montesquieu que en el estado en que un hombre o corporación administre los tres poderes, "todo se perdería enteramente".

La actualidad ha puesto de manifiesto el incumplimiento fáctico de estos principios en España. Un gobierno con mayoría absoluta tiene en sus manos los poderes ejecutivo y legislativo. Asimismo, un gobierno sin esa ventaja, pero dispuesto a pactar con partidos de toda índole y pelaje con tal de evitar que el adversario político tenga una mínima influencia, se convierte, de hecho, en una apisonadora parlamentaria, que veta toda propuesta de los contrarios y aprueba lo que le parece oportuno.

El Consejo General del Poder Judicial es el órgano creado para garantizar la independencia de jueces y magistrados frente a los demás poderes del Estado. Sin embargo, su composición no depende del propio Poder Judicial, sino que los miembros de este organismo son elegidos por el Poder Legislativo. Las Cortes eligen a los miembros de un organismo que debe garantizar la independencia respecto a las propias Cortes. Si a esto añadimos el modo en que se eligen los magistrados del Tribunal Supremo o del Constitucional, certificamos que la independencia judicial no es ni siquiera formal.

Cuando el gobierno legisla sin impedimentos, elige a los jueces y controla a los fiscales, el Estado se convierte en una difusa administración en la que la libertad, la independencia y la justicia se disipan dejando paso a la tiranía, la indefensión y el abuso.

Para que no se pueda abusar del poder, es preciso que, por la disposición de las cosas, el poder detenga al poder." Montesquieu.

En esta espiral de control y abuso, en las últimas fechas hemos asistido a una torsión espectacular de la legislación vigente para permitir a un grupo terrorista sentirse más cómodo a pesar de vulnerar la ley. El gobierno ha dado beneficios inmerecidos y ha negociado con asesinos, la fiscalía ha permitido lo que la ley impedía y ha renunciado a las funciones de persecución de crimen que tiene encomendadas. Muchas de esas actuaciones han sido interpretadas de un modo torticero para presentarlas como ajustadas a derecho.

Hay que entender claramente lo que es la independencia y lo que es la libertad. La libertad es el derecho de hacer lo que las leyes permiten; y si un ciudadano pudiera hacer lo que prohíben, ya no habría libertad, porque los otros tendrían ese mismo poder." Montesquieu.

En este sangrante proceso de desmembración de los poderes públicos no se ha contado con quien representa a la mitad de los ciudadanos del país, que están amenazados de muerte y son de hecho asesinados por los interlocutores gubernamentales, y que han vuelto a sufrir los ataques y la sinrazón de los terroristas.

La libertad política, en un ciudadano, es la tranquilidad de espíritu que proviene de la opinión que cada uno tiene de su seguridad; y para que se goce de ella, es preciso que sea tal el gobierno que ningún ciudadano tenga motivo de temer a otro." Montesquieu.

La torsión legislativa y judicial no se ha limitado únicamente a la negociación terrorista, sino que también ha influido en el modelo de Estado, pacto plural y democrático refrendado por la transición y reflejado en la Constitución. La Carta Magna ha sido objeto de debate para su modificación, e incluso para su subordinación a normas inferiores. El Estatuto de Cataluña ha pretendido, en lugar de ajustarse a la norma fundamental del Estado, que ésta se adapte a aquel, vulnerando el principio elemental de la subordinación de las leyes.

Alexander Hamilton fue un ferviente constitucionalista de los Estados Unidos que participó en la redacción de la propia Carta Magna de su país. Decía Hamilton:

Ningún acto legislativo contrario a la Constitución puede ser válido. Negar esto equivaldría a afirmar que el mandatario es superior al mandante, que el servidor es más que su amo, que los representantes de los pueblo son superiores al pueblo mismo y que los hombres que obran en virtud de determinados poderes pueden hacer no sólo lo que éstos no permiten, sino incluso lo que prohíben." Alexander Hamilton.

Si además de controlar los tres poderes del Estado, la mayoría de medios de comunicación están en manos de un grupo cercano al gobierno, y si el todopoderoso ejecutivo ejerce además su poderosa influencia sobre empresas privadas para configurar un panorama empresarial beneficioso para sus intereses, cruzamos la penúltima línea roja: la que separa lo público de lo privado. Si es de una importancia capital que los tres poderes públicos estén en distintas manos, es vital que los poderes públicos no interfieran en los asuntos privados de los ciudadanos, como lo es la libertad de empresa.

También esta línea se ha visto violada últimamente con la vergonzosa injerencia del ejecutivo en operaciones de compraventa de empresas privadas, convirtiendo el libre mercado en un barrizal de intereses gubernamentales y cambalaches políticos.

Este cúmulo de influencias, abusos y despropósitos no ha hecho sino reflejar la priorización del gobierno de los intereses propios sobre los generales, de los partidistas frente a los nacionales, de los del gobierno frente a los de los ciudadanos a los que representa.

Si yo supiese algo que me fuese útil y que fuese perjudicial a mi familia, lo expulsaría de mi espíritu. Si yo supiese algo útil para mi familia y que no lo fuese para mi patria, intentaría olvidarlo. Si yo supiese algo útil para mi patria y fuese perjudicial para Europa, o bien fuese útil para Europa y perjudicial para el género humano, lo consideraría como un crimen, porque soy necesariamente hombre mientras que no soy francés más que por casualidad. Montesquieu."

Pero es que ya lo dijo un destacado dirigente socialista, y vicepresidente del Gobierno de España:

Montesquieu ha muerto. Alfonso Guerra.

3 comentarios:

Itsaso dijo...

Gracias por tu comentario. La clave esta en los vascos si, pero si a los vascos no les dejan trabajar, hablar y negociar mal va la cosa. Si uno no quiere dos no pueden hacer nada.

Otro día ya le hechare un vistazo a tu blog.

Salu2.

Á. Matía dijo...

De Montesquie aún queda mucho más de lo que pensamos

Pache dijo...

Más tiempo le quedaría a Montesquieu si se estudiasen con rigor las reformas necesarias para impedir la situación práctica actual, vergonzosa desde todos los puntos de vista, en la que el Presidente del Gobierno tiene capacidad de mando en los tres poderes del Estado.