25.6.07

Muerte en Líbano

La historia reciente del Líbano es la de un diverso y dinámico país comprometido con la superación de sus largos y penosos conflictos, pero incapaz de hacer valer su autoridad y su independencia. Ésta se produjo en 1943, y fue concedida por el protectorado francés surgido de la Segunda Guerra Mundial. 15 años de guerra civil, 30 de ocupación siria, varios de terrorismo chií y numerosos asesinatos de dirigentes políticos empañan las primeras elecciones legislativas sin interferencia extranjera desde el fin de la guerra, que se produjeron tras el magnicidio del Primer Ministro Hariri y la retirada de las tropas sirias de abril de 2005, que fue precedida a su vez de unas importantes protestas del pueblo libanés y la resolución 1559 del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas en la que instaba al ejército sirio a volver a su país.

Han sido muchos los asesinatos de dirigentes políticos que defendían la libertad y la independencia del Líbano frente a los oscuros intereses de unos y otros. La mayoría de la población libanesa es musulmana chií, lo que no se ve con muy buenos ojos en los países árabes vecinos, que son sunníes. Chií es también la organización terrorista Hizbulá, que controla un tercio del territorio libanés y está dirigida fundamentalmente por Irán (chií y no árabe) y en menor medida por Siria; no en vano fue fundada en el proceso revolucionario iraní que depuso al Sha de Persia en 1979 y convirtió al país en República Islámica.

Los ayatolás iraníes despiertan desconfianza en el mundo árabe, que no ven con buenos ojos el modelo de Hizbulá, en parte por el temor de que cuaje en sus países y sus minorías chiíes les supongan un incómodo inconveniente demandando mayores cuotas de poder. Así, por ejemplo, en Arabia Saudí se consideró que colaborar con Hizbulá era contrario a la Sharia.

Los 65 millones de habitantes de Irán y los 20 de Siria son demasiados para los menos de cuatro que conforman el Líbano. Es por la diferencia de tamaño e influencia por lo que es extraordinariamente costoso para los libaneses sacudirse las injerencias extranjeras y decidir sobre su futuro. La financiación externa que recibe Hizbulá le permite, entre otras muchas cosas, repartir unos cinco millones de dólares diarios en ayudas a los afectados. Sus armas y militantes no permiten ocupar al legítimo ejército libanés más que dos tercios de su propio territorio.

Cuando en abril de 2006 Hizbulá secuestra a dos soldados israelíes, provoca el enésimo conflicto que tiene como escenario el frágil suelo libanés. La resolución 1701 de Naciones Unidas llama a desarmar a Hizbulá, cosa que de momento parece lejos de conseguirse por parte de la FPNUL, que es la misión de los cascos azules de las Naciones Unidas para el Líbano, heredera de la antigua FINUL, la misión de la ONU que más bajas ha contabilizado (257).

La actual guerra en el Líbano no es una guerra religiosa entre musulmanes y cristianos ni entre pro-occidentales y antiamericanos, sino que supone una guerra por la libertad y la independencia de un país acosado por injerencias extranjeras que pretenden subvertir la soberanía del pueblo libanés para sustituirla por el férreo control de regímenes autoritarios y teocráticos.

En el complejo mapa geopolítico de oriente próximo, Líbano juega un papel destacado porque su derrota supondría una victoria más de Irán, el fortalecimiento de Hizbulá, probablemente la exportación de esta organización terrorista a otros países con minorías chiíes, y finalmente la amenaza a Israel y Estados Unidos cuando consiga el potencial nuclear que persigue y que ya tienen el propio Israel, Pakistán e India.

Lamentablemente Hizbulá no es la única organización terrorista presente en la zona. Al Qaeda y Al Fatá al Islam, vinculada a la anterior, también tienen sus propios intereses en la región.

Es en la defensa de la libertad en el contexto en el que seis militares españoles trabajaban hasta ayer, cuando unos cincuenta kilos de explosivos acababan con su misión y su vida, dejando, además, a dos paracaidistas heridos. La autoría de este salvaje atentado todavía no está clara, pero la condena de Hizbulá y el ofrecimiento de colaboración del régimen de Teherán sugieren como responsables al grupo Al Fatá al Islam, que ya asesinó a dos miembros de la Cruz Roja hace unos días.

La guerra del Líbano debe unir a la comunidad internacional, debe hacer que la ONU se involucre aún más y sea más específica en el modo en que pretende desarmar a Hizbulá y acabar con el terrorismo para devolver al Líbano lo que pretenden arrebatarle con tanto sufrimiento.

5 comentarios:

fernando dijo...

¿ Vivirán en paz alguna vez los habitantes del Líbano?

Viendo la calidad de vida en muchos países, me alegro cada día más de vivir en España.

Mentalmente Exiliado dijo...

La historia del Líbano es una buena muestra de lo casi imposible de todo proyecto de libertad (en mayor o en menor medida) en Oriente Medio, y, especialmente, de aquellos que estén compuestos en parte por población cristiana.
Occidente va con retraso –como de costumbre- en su apoyo a ese estratégico proyecto nacional.
Ciertamente, la resolución de la ONU en contra de la ocupación Siria ha sido un gran paso; pero no olvidemos que para mantener una constante desestabilización (o para otros fines mucho mas graves) no es necesario ningún ejercito.
Saludos
MMX

Á. Matía dijo...

qué en paz descansen

Butzer dijo...

El integrismo islámico se entiende como las plagas. Y lo peor es que no encuentra mucha oposición y freno. Puesto que la única oposición que podría haber está dividida entre los que se mantienen en silencio por intereses políticos y petroleros y los que se mantienen en silencio por su "en teoría" política progresista.

Montse dijo...

¿Política progresista?
Por favor, si no lo entendéis no os permitáis hablar de ella y menos criticarla.

Cuando caomprendáis el auténtico significado de los "derechos humanos", "alianza de civilizaciones" y todo lo que entraña sentimiento solidario, seréis mucho, mucho más felices y menos resentidos.

La derecha siempre tan engreída y rancia.