23.12.10

A los músicos, escritores y creadores en general

El pasado miércoles, una vez que se supo que la ley Sinde sería rechazada en la comisión de economía del Congreso, Alejandro Sanz dejó escrito en su twitter que los políticos españoles habían actuado de forma cobarde e hipócrita. Esta mañana, El País publica un artículo suyo ahondando en esa idea y comentando que le parece que vivimos en la "dictadura de los Señores de la Red".

Vaya por delante que, al contrario que ocurre con Ramoncín, Alejandro Sanz no solo me cae bien, sino que me gusta su música. Me he comprado algunos de sus discos, otros los he bajado de internet, y he ido a más de un concierto. Y me alegro de que haya entrado en el debate porque me parece una persona más razonable y menos visceral que otros defensores de los derechos de los músicos.

Comprendo que cada persona defienda con uñas y dientes su sector, sus intereses y a sus compañeros, pero me parece que desde la industria cultural (valga la denominación) no se está enfocando correctamente, así que me gustaría compartir unas reflexiones que me parecen muy importante con cada uno de los autores que, como Alejandro Sanz, intentan mantener el modelo actual:
  1. Los piratas son tus clientes. Alguien que se descarga un disco o un libro de un autor es alguien a quien le gusta ese autor y por tanto, es su cliente potencial. Demonizar o insultar a tus clientes es una mala estrategia.
  2. La copia digital es gratis. No es lo mismo copiar un disco en mp3 (coste cero) que robar un disco (coste X). Una descarga equiparada a una pérdida es una falacia que no hace más que confundir el debate.
  3. El copyright tal y como lo conocemos está muerto. Podemos seguir discutiéndolo, pero en un mundo digital donde la copia es perfecta y gratuita, cobrar por una copia no tiene sentido.
  4. No hables de CDs. El CD está muerto. Igual de muerto que el casette. La gente quiere música, no CDs. Y quiere escucharla en su iPod, en su teléfono, y en su oficina, con los auriculares enganchados al ordenador. Y no tiene sentido pagar por cada copia o por cada soporte.
  5. No intentes cuadruplicar los beneficios mientras dices que pierdes dinero. Si me cobras 20€ por un libro electrónico cuando el libro físico cuesta lo mismo, estás multiplicando los beneficios. El libro electrónico no necesita papel, ni tinta, ni distribución, ni margen en tienda. Adapta el precio al coste real. El autor puede cobrar el doble y el precio puede y debe bajar a mucho menos de la mitad.
  6. Debes buscar un modelo para hacer tu negocio rentable. TDK vendía muchos casettes vírgenes y ya no lo hace. Los quioscos vendían muchos periódicos y ahora venden casi de todo. Telepizza vende hamburguesas. General motors casi no hace motores. O te adaptas, o desapareces. Y si la gente compraba tus discos, no quiere que desaparezcas.
  7. Tus derechos no valen más que los de los demás. La industria no puede entrar a modificar la ley como un elefante en una cacharrería. Los jueces han insistido en que descargarse música es legal. Han insistido en que enlazar a contenido protegido es legal. Si no te gusta, puedes proponer hacer ilegal la descarga, pero mientras tanto, no intentes sustituir a los jueces por políticos o miembros de la industria porque tendrás a la gente enfrente. A tu público. A tu gente.
Y por último,

Cuenta con nosotros. Nos gusta la música, nos gusta la literatura, nos gusta el cine. La gente está dispuesta a pagar por esas cosas y lo hace, pero no puedes imponerlas. Si haces una película mala subvencionada por mí y no voy a verla, no te enfades. Trata de hacer una película mejor. A veces un disco te sale mal y no se vende. No pasa nada. Habla con tu público, fíjate en los nuevos sistemas, las nuevas tecnologías, los nuevos modelos. Mira a ver qué intermediarios sobran porque encarecen tu producto y no aportan. Seguro que encontramos un buen sistema. Juntos.

Autor de la imagen: www.livepict.com

22.12.10

Nueva sociedad. Viejos sindicatos

Escribía hoy Ignacio Escolar en su blog que le parecía triste que hubiese sido la ley Sinde y no la reforma de las pensiones o el abaratamiento del despido la que consiguiese la movilización ciudadana, que no ha querido resignarse y ha intentado influir en las decisiones del gobierno.

Estoy de acuerdo con él en que reivindicar el derecho a descargarse películas utilizando páginas de enlaces es francamente menos importante que la pensión de los mayores o las normas que regulan el despido de los trabajadores. Sin embargo, tengo que hacer una matización y una reflexión.

La matización consiste recordar que no era éste un problema menor, y señalar que la oposición a la ley Sinde no se hizo por defender la descarga libre de películas (como han dicho algunos) sino porque resulta intolerable que el gobierno quiera organizar una comisión administrativa en su seno para decidir sobre la legalidad de algo sobre lo que los jueces ya se han pronunciado. Es inaceptable instalar en el gobierno una comisión censora, y eso es lo que ha provocado la rebelión cívica.

La reflexión quiere averiguar por qué habiendo cuestiones igualmente graves, no se ha provocado en la ciudadanía la misma reacción.

La ley Sinde afecta principalmente a un sector de la sociedad que utiliza con frecuencia y soltura las nuevas tecnologías, y en especial aquellas accesibles a través de internet. Siendo este medio el atacado, y no habiendo una organización oficial que vele por sus intereses, los ciudadanos han podido organizarse libremente, sin ataduras. Y lo han hecho redactando manifiestos, divulgándolos, realizando reuniones físicas y virtuales a las que todos los que se sintiesen afectados podían unirse, proponiendo ideas y manifestaciones. En definitiva, organizandose libremente para oponerse.

En el ámbito laboral, cuando se habla de despidos o de pensiones de jubilación, la gente, por costumbre, espera que sean los sindicatos mayoritarios los que reclamen al gobierno las modificaciones oportunas para que los trabajadores no se encuentren indefensos. Y si los sindicatos, con lo grandes que son, no son capaces de hacer cambiar de opinión al gobierno, ¿cómo van a hacerlo los ciudadanos de a pie? Es esta percepción la que resulta letal.

Los sindicatos mayoritarios en España se han convertido en una enorme maquinaria de gasto sin retorno y reparto de prebendas. Otra casta completamente alejada de la sociedad, que no se ve representada aunque todavía les concede la iniciativa en la reclamación. Y es esta última concesión la que debería eliminarse, viendo lo inutil que resulta.

Existen los medios para organizarse de otra manera, para reclamar, para exigir, para hacerse oir. Ayer tuvimos la prueba y hoy es cuando debemos empezar a extender esta organización a los demás ámbitos de la sociedad. Los sindicatos deben cambiar, pero mientras lo hacen, la sociedad civil seguirá defendiendo sus intereses.

Autor de la imagen: 20minutos.es

30.11.10

¡Es la innovación, estúpido!

Hace tiempo que toda Europa mira hacia España para ver si el país es capaz de sortear los efectos de esta crisis devastadora, o si, por el contrario, las medidas equivocadas, los intentos de maquillar la realidad o la propia inacción, provocan la necesidad de pedir una ayuda internacional que a todas luces será complicado abordar.

Hace tiempo que en España se habla de la burbuja inmobiliaria, de los jóvenes que abandonaron los estudios persiguiendo un trabajo de baja cualificación en la construcción que les reportaba grandes ingresos; de otros jóvenes que no estudian, no trabajan y no buscan trabajo; de una generación formada en la siempre criticada LOGSE y que están sobreprotegidos, desencantados, sin aspiraciones y sin más metas que pasar el rato sumergidos en su micromundo adolescente veinte o treintañero.

Y es cierto que hay burbuja, que hay jóvenes inconscientes y mimados, pero constituyen una parte de una sociedad mucho más compleja, mucho más rica y mucho más ambiciosa.

España cuenta con centros tecnológicos, con empresas punteras en el mundo tanto en el ámbito de las comunicaciones como de la energía, la banca o el sector textil. Es uno de los países que más invierte en iberoamérica, y en países europeos como el Reino Unido. Cuenta con unos servicios públicos envidiables y envidiados, con unas buenas universidades y, por poner un ejemplo, uno de los MBAs más prestigiosos del mundo. Exportamos, mejoramos, nos expandimos. Estudiamos y trabajamos.

Pero tenemos dos problemas:

Por un lado, los poderes públicos (y muchos privados) no apuestan decididamente por la innovación, por el talento, que es el elemento que produce la riqueza en la nueva economía. Ya no es el trabajo en su concepto clásico, ni el capital. Google se creó con talento, no con horas de fábrica ni con dinero. Lo mismo le ocurrió a Microsoft, o a otras grandes multinacionales. En España es muy probable que estas empresas no hubiesen sido factibles por las barreras administrativas que se les pondrían en el camino: burocracia, impuestos, licencias, idiomas...

Por otro lado, la cultura cainita española provoca en demasiadas ocasiones que infravaloremos todo lo que hacemos, y nos creamos todo lo que intentan vendernos desde fuera. En un ejercicio de contra-chovinismo, renegamos de emprendedores, empresarios, líderes y eruditos nacionales, que son básicamente los que pueden y deben sacarnos de este atolladero, para admirar al que más los critica e intenta hacerles de menos, provocando en el exterior una lógica falta de confianza en nuestros productos, servicios y personas.

La confianza, el espíritu crítico y la búsqueda de la excelencia se enseñan desde la más tierna infancia, y a eso hay que regresar: a formar líderes, gente con ideas, con ganas de transformar el mundo que les rodea en alguno de sus ámbitos, con ganas de innovar, de apostar, de arriesgarse por conseguir sus objetivos. Así se genera riqueza. Así se crea empleo.

Solo tenemos una salida: Innovación y confianza. Si no somos capaces de fomentarlas, seremos uno de los países del furgón de cola, de los que necesitan muchas empresas extranjeras en busca de mano de obra barata para ir subsistiendo. Si lo conseguimos, si somos cada vez más, si establecemos buenos planes a medio y largo plazo, podremos ser nosotros los que sigamos abriendo fábricas, centros tecnológicos, tiendas y oficinas en toda España y en el resto del mundo para seguir progresando con quienes lideran el crecimiento económico.

Y hay que hacerlo ya.

14.10.10

El adiós cínico de Corbacho

Ayer asistimos con estupor a uno de los momentos más vergonzosos que se han producido en el Parlamento en los últimos tiempos, y eso que ha habido muchos en estos últimos meses. El ministro de Trabajo saliente, Celestino Corbacho, expresó su "satisfacción" por poder decir, al término de su mandato, que el Estado ha pasado de pagar un millón y medio de prestaciones por desempleo, a pagar tres millones.

El ministro, por lo tanto, se vanagloria de haber estado al frente del ministerio en el momento en que en España se producía una sangría de puestos de trabajo sin parangón, llevando al país a una tasa de desempleo que es la más alta de la OCDE y que dobla la media de la Unión Europea o la de la zona euro. Sic transit gloria mundi.

El ministro, que profetizó que no llegaríamos "de ninguna de las maneras a los cuatro millones de parados" (tenemos más de cuatro y medio), ha realizado una gestión basada en la ampliación de las ayudas al desempleo en lugar de volcar sus esfuerzos en favorecer las condiciones que podrían propiciar la contratación de las personas que han tenido la desgracia de perder sus trabajos.

Corbacho opinaba en su momento que el problema era la "excesiva flexibilidad" del mercado laboral y hace unos días ha aprobado una reforma laboral que precisamente intenta aumentarla, con lo que podemos entender que, o bien ha cambiado de opinión aunque no lo haya dicho, o bien quiere agravar el problema. Defiende el ministro que puede flexibilizarse el mercado sin abaratar el despido, pero promueve que se extienda un contrato que contempla una indemnización por despido improcedente de 33 días en lugar de los 45 días que estipulan los contratos actuales.

El problema no es sencillo, y tanto Corbacho como su predecesor, Jesús Caldera, han tenido mucho tiempo para estudiarlo. Tiempo que el ministro ha empleado en otras cuestiones hasta que el paro le ha estallado con una virulencia que no imaginaba.

El gobierno de Estados Unidos publica un documento con los principales datos de todos los países del mundo. Se llama "The world factbook" y lo mantiene su principal agencia de inteligencia (CIA). En este documento se habla de la economía española y dice:
After almost 15 years of above average GDP growth, the Spanish economy began to slow in late 2007 and entered into a recession in the second quarter of 2008. Spain's unemployment rate rose from a low of about 8% in 2007 to more than 19% in December 2009 and continues to rise. Its fiscal deficit worsened from 3.8% of GDP in 2008 to about 7.9% of GDP in 2009, more than double the EMU limit. GDP contracted by 3.6% from 2008, ending a 16-year growth trend.
Nos recuerda, entre otras cosas, que después de 15 años de crecimiento, nuestra economía entró en recesión en 2008, que ha aumentado el déficit fiscal, que el PIB se ha contraído un 3,6% en un año y que entre 2007 y diciembre de 2009 pasamos de un paro del 8% al 19%, y subiendo (¡Cuántas prestaciones nuevas! ¡Qué alegría!).

Otros informes como el Doing Business del Banco Mundial recuerdan las dificultades que entraña iniciar un negocio en España. Evaluando el número de trámites, el tiempo, el coste o el capital mínimo necesario, nuestro país se encuentra en el puesto 146 del mundo en facilidad para la apertura de nuevos negocios, con más del triple de tiempo y coste necesario para hacerlo que la media de los países de la OCDE.

Con una sangría de más de 2.000 millones de euros al mes gastados en prestaciones por desempleo, poco margen le queda a cualquiera para intentar revertir la situación. Pero creer que el simple hecho de pagar a los desempleados hará que la situación mejore es de una ignorancia digna de quien piensa que el principal derecho del trabajador no es el trabajo sino la protección frente al desempleo.

Por un lado, nuestro profesionales más cualificados no encuentran en España puestos acordes a su cualificación y tienen que buscarlos fuera. Por otro lado contamos con personas no cualificadas que no se han preocupado de conseguir una formación que mejorase sus posibilidades de encontrar un empleo y que, en muchos casos, se han refugiado en la construcción en la época de las vacas gordas y ahora se ven desesperados. Finalmente, las personas con una cualificación media ven cómo muchas de las empresas en las que trabajan, sometidas a impagos, deudas y multitud de dificultades, se ven empujados al cierre para dejarles también en la calle.

La investigación, la innovación y el desarrollo no se han tomado en serio, por mucho que se argumenten planes y proyectos para fomentar estas cuestiones. La inversión sigue siendo muy minoritaria. Las facilidades, muy pocas. Las dificultades, todas. Y por tanto, la creación de un tejido industrial puntero y con una estrategia de mercado global siguen siendo fantasías que sólo podemos soñar quienes creemos en el potencial de nuestras empresas, de nuestras universidades, de nuestros profesionales, que cada vez con más frecuencia, como una masa silenciosa con talento, con conocimientos, experiencia, iniciativa y con poco más, abandonan España para contribuir al desarrollo de otros países en los sectores más importantes.

No se ha mirado el medio o el largo plazo. Sólo salir del paso, sólo salvar el próximo escollo, la próxima reunión, la siguiente rueda de prensa o el siguiente pleno de Congreso. Y ahora tenemos un gran problema entre manos que habrá que analizar muy cuidadosamente.

Adiós, Corbacho. No le echaremos de menos.

Autor de la imagen: www.mtin.es

8.10.10

Bienvenido a la realidad, Presidente.


Zapatero terminará con un discurso liberal, de apertura de mercados, de poca intervención de los poderes públicos y de rebaja de impuestos. Será una catarsis.

Si no fuera porque le conocemos, pensaríamos que es un ingenuo que está aprendiendo, día tras día, lo que es un gobierno, un sistema financiero, un mercado o un ajuste. Podríamos pensarlo porque se ha pasado muchos años gastando y gastando, sin pensar mucho en los ingresos. Como si el Estado tuviese una fuente de financiación aparentemente inagotable. Como si España tuviese el petroleo de Kwait.

Cuatrocientos euros para todos los asalariados (pobres y ricos), ocho mil millones de euros para obras en todos los ayuntamientos en plena crisis, dos mil quinientos euros por cada nacimiento desde el mismo día en que el magnánimo líder lo anunció en un debate parlamentario, o doscientos diez euros para todos los jóvenes que alquilen un piso. Qué bonito sería si todo fuese factible y sostenible en la economía española actual.

Pero como no lo es, cuando ha visto que ya no podía gastar gratis, ha tenido que subir los impuestos, alucinado de tocar con la yema de sus dedos el fondo de la hucha. El IVA, el IRPF, la luz, el gas, y otros muchos han sufrido subidas. Se han recortado beneficios sociales anunciados o ya instaurados: se acabaron los cuatrocientos euros "de Zapatero", se retrasa el permiso de paternidad de 30 días, se ha reducido el sueldo a los funcionarios, se han congelado las pensiones, y sigue, y sigue.

¿No sabía el gran timonel que pasaría? ¿No sabía que la economía no estaba en un estado que permitiese el lujo de mejorar las condiciones sociales de todos los españoles? ¿No sabía que aumentaba el paro? Cada mes, el Estado tiene que gastar unos dos mil millones de euros en prestaciones por desempleo. Es tal la sangría, es tan grande la vía de agua, que cualquier ahorro en cualquier departamento ministerial se hace ridículo en comparación.

Hasta ahora seguía hablando de los derechos de los desempleados, como si el desempleado no fuese un trabajador privado de un trabajo, su derecho elemental.

Ahora, alucinado por el silencio al agitar la gran hucha del Estado, habla de las contradicciones de la izquierda, habla de que él puede tener principios claros pero que "llega un momento en el que necesitas recursos para llevarlo a cabo y los recursos se generan cuando la economía funciona".

¡Eureka! Bienvenido a la realidad. Le estábamos esperando.

Ahora, por favor, retírese y permita a los ciudadanos elegir quién puede sacarles de este problema.

Autor de la imagen: Monika Flueckiger

30.9.10

La izquierda: diseñada para la oposición


La izquierda española ha vivido en la jornada de huelga general un momento de notable desconcierto. Muchos de los llamados "artistas de la ceja" que apoyaron a Zapatero en las elecciones reclamaban la necesidad de la parada y los sindicatos reconocían que la huelga era, literalmente, una "putada". La izquierda no sabía a qué atenerse: hacer huelga contra un gobierno socialista podría dar la impresión de que se reclamaba un cambio en el gobierno y favorecer a la derecha. No hacer huelga también podría significar un triunfo para la derecha, crítica con los sindicatos y su pasividad en un país con un 20% de paro.

El resultado de este desconcierto es conocido: una huelga ridícula, teatral, ínfimamente secundada y con la labor de los sindicatos y sus piquetes en el punto de mira.

Pero, ¿a qué se debe este desconcierto? Las razones son históricas y se basan en que la izquierda se siente siempre oposición.

La izquierda reclama, exige, moviliza, se queja, se manifiesta y se opone. Necesitan un enemigo enfrente: el gobierno, la patronal, los empresarios, Esperanza Aguirre. No importa. Lo importante es reclamar a los demás.

La derecha, en cambio, se siente siempre gobierno, y por eso gobierna, gestiona y organiza. Y en la oposición es ineficaz. No es hábil utilizando la propaganda ni el marketing. No moviliza a sus bases de forma efectiva. No exige al gobierno con un respaldo firme y multitudinario, y cuando sale a la calle lo hace casi avergonzada.

Felipe González llegó al gobierno en unas fechas en las que la democracia española era todavía muy joven. Había mucho por hacer y una conciencia en la clase política de buscar consensos para conseguirlo, intentando extender el exitoso periodo de la transición. Ese gobierno, sin embargo, fue derivando hacia una mala gestión, una inmensa corrupción política y hasta un vergonzoso y chapucero terrorismo de Estado. Aún así, la derecha española no supo capitalizar los errores de la izquierda para obtener el gobierno en 1993, y sólo lo consiguió tres años más tarde, cuando los escándalos eran mayores todavía, y por una ventaja mucho menor de lo que se esperaba.

En ese punto volvió lo que ambos sienten como equilibro natural: el centro-derecha refundado y organizado, gobernaba. Y la izquierda se oponía. El gobierno funcionaba de manera eficaz y la oposición vigilaba atentamente, denunciando todos los fallos. Fueron años de crecimiento, empleo, prosperidad y convergencia europea.

Pero llegó el 11-M y a continuación el 14-M y todo cambió. Zapatero obtuvo una victoria inesperada (continuando con su también inesperada carrera política) y se convirtió en un presidente del Gobierno de España de cartón-piedra, con sonrisa y ceja, pero sin capacidad de gestión. Durante su primera legislatura se embarcó en proyectos que suponían una profunda e innecesaria revisión de la estructura del Estado (estatuto de Cataluña) y una negociación de tú a tú con la banda terrorista ETA, rompiendo el pacto con el PP que él mismo había propuesto. Y antes de que la crisis estallara en toda su crudeza, negándola insistentemente y sumido en una vorágine populista, logró revalidar su resultado electoral en 2008.

Desde entonces no hace más que dar palos de ciego en un sentido y en otro. Dando 400 euros a todos los asalariados y después quitándoselos. Sacando una ley anti-tabaco para volver ahora a modificarla. Gastando miles de millones de euros para fomentar la obra pública y ahora tratando de ahorrar. Anunciando ayudas al sector del automóvil y luego tratando de no pagarlas. Una cosa y la contraria. Siempre. Hasta que Obama y la UE le dicen que la situación es insostenible. Sólo en ese momento empieza a hacer, tarde y contra su voluntad, reformas que la oposición le reclamaba desde hacía años, y la izquierda entonces se queda huérfana.

Inconscientes de que las políticas de Zapatero nos han llevado del 8% de paro a más del 20%, obviando que nuestro diferencial de desempleo con la UE era de 1 punto y ahora es de más de 10, mirando hacia otro lado cuando se aumentan los impuestos de la luz, las gasolinas y el IVA; olvidando las mentiras, los embustes y las ocultaciones que sistemáticamente el presidente ha seguido realizando sobre la protección social mientras congelaba las pensiones y reducía el sueldo a los empleados públicos, muchos votantes de izquierdas han buscado desesperadamente un gobierno al que echarle la culpa.

Zapatero no puede ser. Es de izquierdas. Es de los nuestros. Alguien debe estar haciéndonos este daño. Esperanza Aguirre. Sí, Esperanza Aguirre gobierna Madrid. Ella debe ser la culpable. Bueno, ella y los empresarios. Sí, los empresarios. No importa que el 90% del tejido productivo de España lo representen pequeñas y medianas empresas de trabajadores que abren un pequeño negocio, pagan impuestos y generan puestos de trabajo. Alguien nos está fastidiando. ¡El patrón! ¡A las barricadas! ¡No pasarán! ¡Prohibido prohibir! ¡Tuno bueno, tuno muerto! Todo vale.

Desesperados, no encuentran enemigo, así que se alían con el responsable del desaguisado para fingir una huelga sin saber contra quién y de paso defender, cerriles como nunca, a los sindicatos y sus liberados, anclados como muy pronto a mediados del siglo pasado. Ni palabra de cómo realizar una necesaria reforma laboral, nada sobre el paro, nada sobre la mala gestión. Sólo se habla de Esperanza Aguirre, de la gran labor de los liberados, la gran labor de los piquetes mal llamados informativos y del éxito de la convocatoria cuando todavía no han llegado a su puesto de trabajo ni la mitad de los afortunados que todavía lo conservan.

La derecha, por su parte, se pone de perfil porque tampoco se encuentra cómoda. Hay una huelga pero no es contra ellos. Lo parece a veces, pero en realidad no es contra ellos. ¿Qué hacemos? No lo se. ¡Zapatero dimisión! Los manifestantes no nos apoyan. ¿Y qué quieren? No lo sabemos, pero los que se manifiestan no quieren nada con nosotros. ¿Y con Zapatero? Tampoco lo saben, pero tienen que manifestarse.

El resultado es la representación de un teatrillo que tiene que hacer reflexionar a la derecha para poder liderar una oposición a un gobierno contumaz en el error y sin ideas para continuar, a la izquierda que ve como hasta sus propios compañeros sindicalistas salen a la calle contra ellos aunque les gustaría hacerlo contra otros, y por supuesto a los sindicatos, que no han conseguido el favor del pueblo por sus cambalaches, trapicheos, prebendas, y por no haber sabido modernizar unas organizaciones que nada tienen que ver con los trabajadores del siglo XXI.

Mucho trabajo queda por delante. España necesita otra catarsis y no puede esperar a 2012. Los ciudadanos deben expresarse en las urnas cuanto antes, y quienes aspiren a representarles deben romperse los cuernos para ofrecerles una alternativa seria, creíble, sólida y sostenible para ésta y las siguientes generaciones.

27.8.10

La muerte de la iniciativa empresarial

Hace tiempo me referí al proceso de Kafka para poner de relieve el oscurantismo que rodeaba al mal llamado proceso de paz que Zapatero estaba llevando a cabo con ETA. Hoy tengo que referirme a él nuevamente. Y no lo hago porque haya muchos indicios de que el gobierno está retomando ese proceso de negociación con los terroristas, que los hay, sino porque tras seis años de gobierno de Jose Luís Rodríguez Zapatero, el país en el que nos encontramos se parece cada día más al que describió el austríaco en su novela.

Si existe algo que frena la iniciativa empresarial y por tanto el crecimiento económico, es la inseguridad jurídica. La sensación de los emprendedores, de los empresarios, de los ciudadanos en general de no conocer (y no poder llegar a conocer) el marco legal en el que se mueven y desarrollan sus actividades supone el tiro de gracia a cualquier intento por generar riqueza.

El nuevo estatuto de autonomía de Cataluña, la sentencia del Tribunal Constitucional anulando parcialmente su contenido o matizándolo, la intención del gobierno de ignorar al tribunal bordeando su resolución, la hipertrofia legislativa, los tres niveles de la administración pública con sus competencias enfrentadas, la falta de respeto a las normas por parte de las propias administraciones, el abuso constante y chulesco de las operadoras de telecomunicaciones y la ausencia de un defensor del consumidor realmente fuerte, la falta de agilidad de la justicia, la nefasta definición de las ayudas, becas y subvenciones del estado, la discriminación legal del hombre frente a la mujer, la discriminación fáctica de la mujer frente al hombre, la indefensión, la interpretación y los constantes e ingentes cambios normativos hacen que sea absolutamente imposible conocer lo que se puede o no se puede hacer. Provoca que nadie quiera arriesgarse a un pleito porque su resultado no dependerá de lo justo o injusto, ni de lo legal o ilegal, sino de la particular interpretación de un juez, cuya labor cada vez hacen más complicada.

¿Tienen que hablar todos mis empleados gallego si abro en Galicia? ¿Puedo hacer unos trabajos esporádicos sin hacerme autónomo? ¿Pago los mismos impuestos en todas las comunidades autónomas? ¿Tengo que pagar impuestos al estado, la comunidad autónoma y al ayuntamiento donde me establezca? ¿Realmente puedo hacer todos los trámites por internet? ¿Son igualmente válidos? ¿Cómo declaro en hacienda la ayuda de los 210€ de alquiler? Si ahora me los piden porque dicen que me he pasado el límite de ingresos, ¿me devuelven los impuestos que haya pagado por ellos? La ayuda para comprar el coche que daba el estado, ¿realmente la ha pagado? Si mi mujer me da una bofetada ¿no es violencia de género? ¿Si se la doy yo a ella, sí? ¿Está garantizada la independencia del poder judicial del ejecutivo? ¿Tengo que pedir licencia para abrir un negocio? ¿Pueden negármela? ¿Los extranjeros tienen más ayudas para emprender? ¿Tienen menos? ¿Puedo descargarme gratuítamente una película de internet para verla en casa con mi mujer? ¿Tengo que pagar a la SGAE por poner música en mi boda? ¿Hay que pagar a la SGAE por grabar en un CD las fotos de mis vacaciones?

Algunas de estas preguntas tienen una respuesta clara. Otras no. Otras tienen una respuesta clara en la teoría y otra contraria en la práctica. Unas cosas son justas y otras injustas. Distintos técnicos de hacienda dan distintas respuestas sobre como declarar a hacienda las actividades económicas que has podido desarrollar. Distintos funcionarios de la consejería de vivienda dan distintas respuestas sobre la documentación necesaria para solicitar una ayuda. Distintos jueces emiten distintas sentencias por los mismos hechos. El gobierno y los jueces dicen cosas distintas respecto a los derechos de autor.

¿Tenemos malos técnicos de hacienda, funcionarios o jueces? No. Tenemos unos profesionales que no pueden conocer el marco legal en el que se mueven, porque las normas cambian rápido y son demasiado ambiguas e imprecisas, o pretenden que así sean.

Así, un ciudadano medio se queda paralizado y descarta cualquier idea que pueda transformar en un negocio que mejore su vida y mejore la vida de la sociedad por miedo a multas por no haber pedido permisos, pagado impuestos o contratado un cupo de mujeres, discapacitados o extranjeros. Como el ciudadano K, el ciudadano medio no sabe por dónde le pueden venir los problemas, cuáles son las normas que está incumpliendo o qué tiene que hacer para solucionarlo. Y entonces es cuando la sociedad civil se debilita, se produce el hartazgo y el letargo.

Y mientras sigamos así, hablando del sexo de los ángeles y de los conceptos discutidos y discutibles, seguiremos con el 43% de paro juvenil y sumidos en un pozo del que no tendremos esperanzas de salir.

19.3.10

En defensa de los derechos fundamental en Internet

El Consejo de Ministros ha aprobado este viernes la “Ley de Economía Sostenible”, que incluye la conocida como “Ley Sinde”, que permitirá el cierre de páginas web en sólo cuatro días.

Este gobierno liberticida pretende criminalizar por vía administrativa lo que no ha conseguido por vía penal. Las descargas a través de redes P2P son perfectamente legales, cosa que los jueces no paran de recordar al ejecutivo. Las páginas que enlazan a contenido protegido por derechos de autor no cometen ningún ilícito, y también son perfectamente legales. Eso no impide al gobierno y a los "intelectuales" continuar hablando sin cesar de "descargas ilegales".

La semántica ha jugado un papel fundamental siempre que un tirano ha tratado de coartar las libertades. Los gobernantes liberticidas han argumentado que realizan su imprescindible labor de tutela o que buscan el bien común para impedir a los ciudadanos hacer las cosas más variopintas. Poco a poco, las personas dejan de tener la sensación de ser libres de hacer lo que quieran, y actuán pensando previamente si estarán autorizados a desarrollar las actividades que desean.

Es esa perversa semántica la que hace que los medios utilicen erróneamente las palabras "piratería" o "descargas ilegales" en lugar de hablar de "compartir" o de "divulgación de obras culturales".

La norma recientemente aprobada desplaza vergonzosamente a los jueces de la tarea de estimar si alguien ha cometido un ilícito y permite a la administración bloquear páginas web si ellos consideran que vulneran los principios de propiedad intelectual, instaurando en la práctica una renovada censura que el gobierno podrá ejercer de forma legal.

Este blog pertenece a la llamada Lista de Sinde, un conjunto de páginas desde las que se puede acceder mediante una sencilla búsqueda a obras protegidas por derechos de autor. Los propietarios de las páginas que pertenecen a esta lista nos consideramos culpables de compartir cultura libremente y por tanto somos susceptibles de censura por vía administrativa.

Este despropósito, esta comisión creada ex-profeso para prevaricar, hace que me sume al "Manifiesto en defensa de los derechos fundamental en Internet", que dice así:

Ante la inclusión en el Proyecto de Ley de Economía sostenible de modificaciones legislativas que afectan al libre ejercicio de las libertades de expresión, información y el derecho de acceso a la cultura a través de Internet, los periodistas, bloggers, usuarios, profesionales y creadores de Internet manifestamos nuestra firme oposición al proyecto, y declaramos que:

  1. Los derechos de autor no pueden situarse por encima de los derechos fundamentales de los ciudadanos, como el derecho a la privacidad, a la seguridad, a la presunción de inocencia, a la tutela judicial efectiva y a la libertad de expresión.
  2. La suspensión de derechos fundamentales es y debe seguir siendo competencia exclusiva del poder judicial. Ni un cierre sin sentencia. Este anteproyecto, en contra de lo establecido en el artículo 20.5 de la Constitución, pone en manos de un órgano no judicial -un organismo dependiente del ministerio de Cultura-, la potestad de impedir a los ciudadanos españoles el acceso a cualquier página web.
  3. La nueva legislación creará inseguridad jurídica en todo el sector tecnológico español, perjudicando uno de los pocos campos de desarrollo y futuro de nuestra economía, entorpeciendo la creación de empresas, introduciendo trabas a la libre competencia y ralentizando su proyección internacional.
  4. La nueva legislación propuesta amenaza a los nuevos creadores y entorpece la creación cultural. Con Internet y los sucesivos avances tecnológicos se ha democratizado extraordinariamente la creación y emisión de contenidos de todo tipo, que ya no provienen prevalentemente de las industrias culturales tradicionales, sino de multitud de fuentes diferentes.
  5. Los autores, como todos los trabajadores, tienen derecho a vivir de su trabajo con nuevas ideas creativas, modelos de negocio y actividades asociadas a sus creaciones. Intentar sostener con cambios legislativos a una industria obsoleta que no sabe adaptarse a este nuevo entorno no es ni justo ni realista. Si su modelo de negocio se basaba en el control de las copias de las obras y en Internet no es posible sin vulnerar derechos fundamentales, deberían buscar otro modelo.
  6. Consideramos que las industrias culturales necesitan para sobrevivir alternativas modernas, eficaces, creíbles y asequibles y que se adecuen a los nuevos usos sociales, en lugar de limitaciones tan desproporcionadas como ineficaces para el fin que dicen perseguir.
  7. Internet debe funcionar de forma libre y sin interferencias políticas auspiciadas por sectores que pretenden perpetuar obsoletos modelos de negocio e imposibilitar que el saber humano siga siendo libre.
  8. Exigimos que el Gobierno garantice por ley la neutralidad de la Red en España, ante cualquier presión que pueda producirse, como marco para el desarrollo de una economía sostenible y realista de cara al futuro.
  9. Proponemos una verdadera reforma del derecho de propiedad intelectual orientada a su fin: devolver a la sociedad el conocimiento, promover el dominio público y limitar los abusos de las entidades gestoras.
  10. En democracia las leyes y sus modificaciones deben aprobarse tras el oportuno debate público y habiendo consultado previamente a todas las partes implicadas. No es de recibo que se realicen cambios legislativos que afectan a derechos fundamentales en una ley no orgánica y que versa sobre otra materia.