27.8.10

La muerte de la iniciativa empresarial

Hace tiempo me referí al proceso de Kafka para poner de relieve el oscurantismo que rodeaba al mal llamado proceso de paz que Zapatero estaba llevando a cabo con ETA. Hoy tengo que referirme a él nuevamente. Y no lo hago porque haya muchos indicios de que el gobierno está retomando ese proceso de negociación con los terroristas, que los hay, sino porque tras seis años de gobierno de Jose Luís Rodríguez Zapatero, el país en el que nos encontramos se parece cada día más al que describió el austríaco en su novela.

Si existe algo que frena la iniciativa empresarial y por tanto el crecimiento económico, es la inseguridad jurídica. La sensación de los emprendedores, de los empresarios, de los ciudadanos en general de no conocer (y no poder llegar a conocer) el marco legal en el que se mueven y desarrollan sus actividades supone el tiro de gracia a cualquier intento por generar riqueza.

El nuevo estatuto de autonomía de Cataluña, la sentencia del Tribunal Constitucional anulando parcialmente su contenido o matizándolo, la intención del gobierno de ignorar al tribunal bordeando su resolución, la hipertrofia legislativa, los tres niveles de la administración pública con sus competencias enfrentadas, la falta de respeto a las normas por parte de las propias administraciones, el abuso constante y chulesco de las operadoras de telecomunicaciones y la ausencia de un defensor del consumidor realmente fuerte, la falta de agilidad de la justicia, la nefasta definición de las ayudas, becas y subvenciones del estado, la discriminación legal del hombre frente a la mujer, la discriminación fáctica de la mujer frente al hombre, la indefensión, la interpretación y los constantes e ingentes cambios normativos hacen que sea absolutamente imposible conocer lo que se puede o no se puede hacer. Provoca que nadie quiera arriesgarse a un pleito porque su resultado no dependerá de lo justo o injusto, ni de lo legal o ilegal, sino de la particular interpretación de un juez, cuya labor cada vez hacen más complicada.

¿Tienen que hablar todos mis empleados gallego si abro en Galicia? ¿Puedo hacer unos trabajos esporádicos sin hacerme autónomo? ¿Pago los mismos impuestos en todas las comunidades autónomas? ¿Tengo que pagar impuestos al estado, la comunidad autónoma y al ayuntamiento donde me establezca? ¿Realmente puedo hacer todos los trámites por internet? ¿Son igualmente válidos? ¿Cómo declaro en hacienda la ayuda de los 210€ de alquiler? Si ahora me los piden porque dicen que me he pasado el límite de ingresos, ¿me devuelven los impuestos que haya pagado por ellos? La ayuda para comprar el coche que daba el estado, ¿realmente la ha pagado? Si mi mujer me da una bofetada ¿no es violencia de género? ¿Si se la doy yo a ella, sí? ¿Está garantizada la independencia del poder judicial del ejecutivo? ¿Tengo que pedir licencia para abrir un negocio? ¿Pueden negármela? ¿Los extranjeros tienen más ayudas para emprender? ¿Tienen menos? ¿Puedo descargarme gratuítamente una película de internet para verla en casa con mi mujer? ¿Tengo que pagar a la SGAE por poner música en mi boda? ¿Hay que pagar a la SGAE por grabar en un CD las fotos de mis vacaciones?

Algunas de estas preguntas tienen una respuesta clara. Otras no. Otras tienen una respuesta clara en la teoría y otra contraria en la práctica. Unas cosas son justas y otras injustas. Distintos técnicos de hacienda dan distintas respuestas sobre como declarar a hacienda las actividades económicas que has podido desarrollar. Distintos funcionarios de la consejería de vivienda dan distintas respuestas sobre la documentación necesaria para solicitar una ayuda. Distintos jueces emiten distintas sentencias por los mismos hechos. El gobierno y los jueces dicen cosas distintas respecto a los derechos de autor.

¿Tenemos malos técnicos de hacienda, funcionarios o jueces? No. Tenemos unos profesionales que no pueden conocer el marco legal en el que se mueven, porque las normas cambian rápido y son demasiado ambiguas e imprecisas, o pretenden que así sean.

Así, un ciudadano medio se queda paralizado y descarta cualquier idea que pueda transformar en un negocio que mejore su vida y mejore la vida de la sociedad por miedo a multas por no haber pedido permisos, pagado impuestos o contratado un cupo de mujeres, discapacitados o extranjeros. Como el ciudadano K, el ciudadano medio no sabe por dónde le pueden venir los problemas, cuáles son las normas que está incumpliendo o qué tiene que hacer para solucionarlo. Y entonces es cuando la sociedad civil se debilita, se produce el hartazgo y el letargo.

Y mientras sigamos así, hablando del sexo de los ángeles y de los conceptos discutidos y discutibles, seguiremos con el 43% de paro juvenil y sumidos en un pozo del que no tendremos esperanzas de salir.