14.10.10

El adiós cínico de Corbacho

Ayer asistimos con estupor a uno de los momentos más vergonzosos que se han producido en el Parlamento en los últimos tiempos, y eso que ha habido muchos en estos últimos meses. El ministro de Trabajo saliente, Celestino Corbacho, expresó su "satisfacción" por poder decir, al término de su mandato, que el Estado ha pasado de pagar un millón y medio de prestaciones por desempleo, a pagar tres millones.

El ministro, por lo tanto, se vanagloria de haber estado al frente del ministerio en el momento en que en España se producía una sangría de puestos de trabajo sin parangón, llevando al país a una tasa de desempleo que es la más alta de la OCDE y que dobla la media de la Unión Europea o la de la zona euro. Sic transit gloria mundi.

El ministro, que profetizó que no llegaríamos "de ninguna de las maneras a los cuatro millones de parados" (tenemos más de cuatro y medio), ha realizado una gestión basada en la ampliación de las ayudas al desempleo en lugar de volcar sus esfuerzos en favorecer las condiciones que podrían propiciar la contratación de las personas que han tenido la desgracia de perder sus trabajos.

Corbacho opinaba en su momento que el problema era la "excesiva flexibilidad" del mercado laboral y hace unos días ha aprobado una reforma laboral que precisamente intenta aumentarla, con lo que podemos entender que, o bien ha cambiado de opinión aunque no lo haya dicho, o bien quiere agravar el problema. Defiende el ministro que puede flexibilizarse el mercado sin abaratar el despido, pero promueve que se extienda un contrato que contempla una indemnización por despido improcedente de 33 días en lugar de los 45 días que estipulan los contratos actuales.

El problema no es sencillo, y tanto Corbacho como su predecesor, Jesús Caldera, han tenido mucho tiempo para estudiarlo. Tiempo que el ministro ha empleado en otras cuestiones hasta que el paro le ha estallado con una virulencia que no imaginaba.

El gobierno de Estados Unidos publica un documento con los principales datos de todos los países del mundo. Se llama "The world factbook" y lo mantiene su principal agencia de inteligencia (CIA). En este documento se habla de la economía española y dice:
After almost 15 years of above average GDP growth, the Spanish economy began to slow in late 2007 and entered into a recession in the second quarter of 2008. Spain's unemployment rate rose from a low of about 8% in 2007 to more than 19% in December 2009 and continues to rise. Its fiscal deficit worsened from 3.8% of GDP in 2008 to about 7.9% of GDP in 2009, more than double the EMU limit. GDP contracted by 3.6% from 2008, ending a 16-year growth trend.
Nos recuerda, entre otras cosas, que después de 15 años de crecimiento, nuestra economía entró en recesión en 2008, que ha aumentado el déficit fiscal, que el PIB se ha contraído un 3,6% en un año y que entre 2007 y diciembre de 2009 pasamos de un paro del 8% al 19%, y subiendo (¡Cuántas prestaciones nuevas! ¡Qué alegría!).

Otros informes como el Doing Business del Banco Mundial recuerdan las dificultades que entraña iniciar un negocio en España. Evaluando el número de trámites, el tiempo, el coste o el capital mínimo necesario, nuestro país se encuentra en el puesto 146 del mundo en facilidad para la apertura de nuevos negocios, con más del triple de tiempo y coste necesario para hacerlo que la media de los países de la OCDE.

Con una sangría de más de 2.000 millones de euros al mes gastados en prestaciones por desempleo, poco margen le queda a cualquiera para intentar revertir la situación. Pero creer que el simple hecho de pagar a los desempleados hará que la situación mejore es de una ignorancia digna de quien piensa que el principal derecho del trabajador no es el trabajo sino la protección frente al desempleo.

Por un lado, nuestro profesionales más cualificados no encuentran en España puestos acordes a su cualificación y tienen que buscarlos fuera. Por otro lado contamos con personas no cualificadas que no se han preocupado de conseguir una formación que mejorase sus posibilidades de encontrar un empleo y que, en muchos casos, se han refugiado en la construcción en la época de las vacas gordas y ahora se ven desesperados. Finalmente, las personas con una cualificación media ven cómo muchas de las empresas en las que trabajan, sometidas a impagos, deudas y multitud de dificultades, se ven empujados al cierre para dejarles también en la calle.

La investigación, la innovación y el desarrollo no se han tomado en serio, por mucho que se argumenten planes y proyectos para fomentar estas cuestiones. La inversión sigue siendo muy minoritaria. Las facilidades, muy pocas. Las dificultades, todas. Y por tanto, la creación de un tejido industrial puntero y con una estrategia de mercado global siguen siendo fantasías que sólo podemos soñar quienes creemos en el potencial de nuestras empresas, de nuestras universidades, de nuestros profesionales, que cada vez con más frecuencia, como una masa silenciosa con talento, con conocimientos, experiencia, iniciativa y con poco más, abandonan España para contribuir al desarrollo de otros países en los sectores más importantes.

No se ha mirado el medio o el largo plazo. Sólo salir del paso, sólo salvar el próximo escollo, la próxima reunión, la siguiente rueda de prensa o el siguiente pleno de Congreso. Y ahora tenemos un gran problema entre manos que habrá que analizar muy cuidadosamente.

Adiós, Corbacho. No le echaremos de menos.

Autor de la imagen: www.mtin.es

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