23.12.10

A los músicos, escritores y creadores en general

El pasado miércoles, una vez que se supo que la ley Sinde sería rechazada en la comisión de economía del Congreso, Alejandro Sanz dejó escrito en su twitter que los políticos españoles habían actuado de forma cobarde e hipócrita. Esta mañana, El País publica un artículo suyo ahondando en esa idea y comentando que le parece que vivimos en la "dictadura de los Señores de la Red".

Vaya por delante que, al contrario que ocurre con Ramoncín, Alejandro Sanz no solo me cae bien, sino que me gusta su música. Me he comprado algunos de sus discos, otros los he bajado de internet, y he ido a más de un concierto. Y me alegro de que haya entrado en el debate porque me parece una persona más razonable y menos visceral que otros defensores de los derechos de los músicos.

Comprendo que cada persona defienda con uñas y dientes su sector, sus intereses y a sus compañeros, pero me parece que desde la industria cultural (valga la denominación) no se está enfocando correctamente, así que me gustaría compartir unas reflexiones que me parecen muy importante con cada uno de los autores que, como Alejandro Sanz, intentan mantener el modelo actual:
  1. Los piratas son tus clientes. Alguien que se descarga un disco o un libro de un autor es alguien a quien le gusta ese autor y por tanto, es su cliente potencial. Demonizar o insultar a tus clientes es una mala estrategia.
  2. La copia digital es gratis. No es lo mismo copiar un disco en mp3 (coste cero) que robar un disco (coste X). Una descarga equiparada a una pérdida es una falacia que no hace más que confundir el debate.
  3. El copyright tal y como lo conocemos está muerto. Podemos seguir discutiéndolo, pero en un mundo digital donde la copia es perfecta y gratuita, cobrar por una copia no tiene sentido.
  4. No hables de CDs. El CD está muerto. Igual de muerto que el casette. La gente quiere música, no CDs. Y quiere escucharla en su iPod, en su teléfono, y en su oficina, con los auriculares enganchados al ordenador. Y no tiene sentido pagar por cada copia o por cada soporte.
  5. No intentes cuadruplicar los beneficios mientras dices que pierdes dinero. Si me cobras 20€ por un libro electrónico cuando el libro físico cuesta lo mismo, estás multiplicando los beneficios. El libro electrónico no necesita papel, ni tinta, ni distribución, ni margen en tienda. Adapta el precio al coste real. El autor puede cobrar el doble y el precio puede y debe bajar a mucho menos de la mitad.
  6. Debes buscar un modelo para hacer tu negocio rentable. TDK vendía muchos casettes vírgenes y ya no lo hace. Los quioscos vendían muchos periódicos y ahora venden casi de todo. Telepizza vende hamburguesas. General motors casi no hace motores. O te adaptas, o desapareces. Y si la gente compraba tus discos, no quiere que desaparezcas.
  7. Tus derechos no valen más que los de los demás. La industria no puede entrar a modificar la ley como un elefante en una cacharrería. Los jueces han insistido en que descargarse música es legal. Han insistido en que enlazar a contenido protegido es legal. Si no te gusta, puedes proponer hacer ilegal la descarga, pero mientras tanto, no intentes sustituir a los jueces por políticos o miembros de la industria porque tendrás a la gente enfrente. A tu público. A tu gente.
Y por último,

Cuenta con nosotros. Nos gusta la música, nos gusta la literatura, nos gusta el cine. La gente está dispuesta a pagar por esas cosas y lo hace, pero no puedes imponerlas. Si haces una película mala subvencionada por mí y no voy a verla, no te enfades. Trata de hacer una película mejor. A veces un disco te sale mal y no se vende. No pasa nada. Habla con tu público, fíjate en los nuevos sistemas, las nuevas tecnologías, los nuevos modelos. Mira a ver qué intermediarios sobran porque encarecen tu producto y no aportan. Seguro que encontramos un buen sistema. Juntos.

Autor de la imagen: www.livepict.com

22.12.10

Nueva sociedad. Viejos sindicatos

Escribía hoy Ignacio Escolar en su blog que le parecía triste que hubiese sido la ley Sinde y no la reforma de las pensiones o el abaratamiento del despido la que consiguiese la movilización ciudadana, que no ha querido resignarse y ha intentado influir en las decisiones del gobierno.

Estoy de acuerdo con él en que reivindicar el derecho a descargarse películas utilizando páginas de enlaces es francamente menos importante que la pensión de los mayores o las normas que regulan el despido de los trabajadores. Sin embargo, tengo que hacer una matización y una reflexión.

La matización consiste recordar que no era éste un problema menor, y señalar que la oposición a la ley Sinde no se hizo por defender la descarga libre de películas (como han dicho algunos) sino porque resulta intolerable que el gobierno quiera organizar una comisión administrativa en su seno para decidir sobre la legalidad de algo sobre lo que los jueces ya se han pronunciado. Es inaceptable instalar en el gobierno una comisión censora, y eso es lo que ha provocado la rebelión cívica.

La reflexión quiere averiguar por qué habiendo cuestiones igualmente graves, no se ha provocado en la ciudadanía la misma reacción.

La ley Sinde afecta principalmente a un sector de la sociedad que utiliza con frecuencia y soltura las nuevas tecnologías, y en especial aquellas accesibles a través de internet. Siendo este medio el atacado, y no habiendo una organización oficial que vele por sus intereses, los ciudadanos han podido organizarse libremente, sin ataduras. Y lo han hecho redactando manifiestos, divulgándolos, realizando reuniones físicas y virtuales a las que todos los que se sintiesen afectados podían unirse, proponiendo ideas y manifestaciones. En definitiva, organizandose libremente para oponerse.

En el ámbito laboral, cuando se habla de despidos o de pensiones de jubilación, la gente, por costumbre, espera que sean los sindicatos mayoritarios los que reclamen al gobierno las modificaciones oportunas para que los trabajadores no se encuentren indefensos. Y si los sindicatos, con lo grandes que son, no son capaces de hacer cambiar de opinión al gobierno, ¿cómo van a hacerlo los ciudadanos de a pie? Es esta percepción la que resulta letal.

Los sindicatos mayoritarios en España se han convertido en una enorme maquinaria de gasto sin retorno y reparto de prebendas. Otra casta completamente alejada de la sociedad, que no se ve representada aunque todavía les concede la iniciativa en la reclamación. Y es esta última concesión la que debería eliminarse, viendo lo inutil que resulta.

Existen los medios para organizarse de otra manera, para reclamar, para exigir, para hacerse oir. Ayer tuvimos la prueba y hoy es cuando debemos empezar a extender esta organización a los demás ámbitos de la sociedad. Los sindicatos deben cambiar, pero mientras lo hacen, la sociedad civil seguirá defendiendo sus intereses.

Autor de la imagen: 20minutos.es