22.12.10

Nueva sociedad. Viejos sindicatos

Escribía hoy Ignacio Escolar en su blog que le parecía triste que hubiese sido la ley Sinde y no la reforma de las pensiones o el abaratamiento del despido la que consiguiese la movilización ciudadana, que no ha querido resignarse y ha intentado influir en las decisiones del gobierno.

Estoy de acuerdo con él en que reivindicar el derecho a descargarse películas utilizando páginas de enlaces es francamente menos importante que la pensión de los mayores o las normas que regulan el despido de los trabajadores. Sin embargo, tengo que hacer una matización y una reflexión.

La matización consiste recordar que no era éste un problema menor, y señalar que la oposición a la ley Sinde no se hizo por defender la descarga libre de películas (como han dicho algunos) sino porque resulta intolerable que el gobierno quiera organizar una comisión administrativa en su seno para decidir sobre la legalidad de algo sobre lo que los jueces ya se han pronunciado. Es inaceptable instalar en el gobierno una comisión censora, y eso es lo que ha provocado la rebelión cívica.

La reflexión quiere averiguar por qué habiendo cuestiones igualmente graves, no se ha provocado en la ciudadanía la misma reacción.

La ley Sinde afecta principalmente a un sector de la sociedad que utiliza con frecuencia y soltura las nuevas tecnologías, y en especial aquellas accesibles a través de internet. Siendo este medio el atacado, y no habiendo una organización oficial que vele por sus intereses, los ciudadanos han podido organizarse libremente, sin ataduras. Y lo han hecho redactando manifiestos, divulgándolos, realizando reuniones físicas y virtuales a las que todos los que se sintiesen afectados podían unirse, proponiendo ideas y manifestaciones. En definitiva, organizandose libremente para oponerse.

En el ámbito laboral, cuando se habla de despidos o de pensiones de jubilación, la gente, por costumbre, espera que sean los sindicatos mayoritarios los que reclamen al gobierno las modificaciones oportunas para que los trabajadores no se encuentren indefensos. Y si los sindicatos, con lo grandes que son, no son capaces de hacer cambiar de opinión al gobierno, ¿cómo van a hacerlo los ciudadanos de a pie? Es esta percepción la que resulta letal.

Los sindicatos mayoritarios en España se han convertido en una enorme maquinaria de gasto sin retorno y reparto de prebendas. Otra casta completamente alejada de la sociedad, que no se ve representada aunque todavía les concede la iniciativa en la reclamación. Y es esta última concesión la que debería eliminarse, viendo lo inutil que resulta.

Existen los medios para organizarse de otra manera, para reclamar, para exigir, para hacerse oir. Ayer tuvimos la prueba y hoy es cuando debemos empezar a extender esta organización a los demás ámbitos de la sociedad. Los sindicatos deben cambiar, pero mientras lo hacen, la sociedad civil seguirá defendiendo sus intereses.

Autor de la imagen: 20minutos.es

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