23.3.11

Prostitución, el tema esquivado


Fukushima, Libia, la sucesión de ZP y el siempre presente Cristiano Ronaldo han impedido que tuviese más eco la noticia de la respuesta del Consejo de Estado a la consulta formulada por el extinto Ministerio de Igualdad acerca de la viabilidad de prohibir los anuncios de prostitución.

El informe, fechado el 9 de marzo, es un estudio muy completo que concluye que existe la posibilidad de limitar esta publicidad y recomienda hacerlo a través de una ley específica. Es un informe que responde a una petición del Ministerio, y creo que, lamentablemente, esta petición se queda corta.

Los antecedentes completos que se reflejan en el informe sobre la situación jurídica de la prostitución en España podrían haber llevado a conclusiones muy interesantes sobre la recomendación del Consejo respecto a la elaboración de una normativa completa que regulase jurídicamente esta actividad. Estas conclusiones serían muy interesantes para plantear el necesario debate público sobre una cuestión que ningún gobierno se ha atrevido a abordar de forma global. Se han regulado de forma tangencial diversos aspectos de la prostitución (proxenetismo, trata de blancas, prostitución de menores, etc.), pero nunca se ha prohibido o regulado una actividad que, según los datos manejados por el Consejo, mueve más de 18.000 millones de euros al año, importe que representa nada menos que un 2% del PIB nacional.

El Consejo hace un repaso por las distintas tradiciones de regulación de esta actividad:
  • Reglamentista: Limita su ejercicio a determinados locales y existen medidas de control (policial y de carácter médico)
  • Prohibicionista: Se prohíbe su ejercicio e incluso en algunos casos se penaliza al cliente
  • Abolicionista: La prostitución no es reconocida ni prohibida por el Estado ya que pertenece a la esfera de las relaciones privadas
  • Legalizadora: La prostitución constituye una actividad económica más, y está regulada como servicio.
La regulación española no encaja exactamente en ninguno de los modelos aunque se acerca mucho al modelo abolicionista. En España está prohibida la prostitución de menores, el proxenetismo en todas sus formas y la trata de seres humanos, pero el ejercicio voluntario de la prostitución por una persona mayor de edad no está específicamente regulado ni prohibido, con lo que se encuentra en una situación alegal, al margen de que existan regulaciones particulares, regionales o locales que restrinjan o condicionen su ejercicio.

Esto, según el Consejo "produce un perjuicio a quienes trabajan en ella puesto que carecen de derechos sociales". Siendo esta situación totalmente indeseable, y al margen de la consideración moral que cada cual tenga de lo degradante que resulta el ejercicio de la prostitución, no se puede mirar hacia otro lado obviando la realidad social, que indica que existen decenas de miles de prostitutas en España (sin datos fiables, pero entre 50.000 y 400.000). La mayoría de ellas, obligadas.

Creo que el ejercicio de la prostitución, aún en el caso voluntario, es algo indeseable, ética y moralmente condenable y degradante para la mujer. Pero también creo que es degradante la búsqueda de un marido anciano para desearle una pronta muerte, trabajar en un programa de call tv para engañar a los televidentes, o hacer gala de analfabetismo en programas de telerrealidad, y no por ello creo que haya que prohibirlos.

La sociedad civil tiene que alimentar este debate para poder dar una respuesta a un problema, la falta de regulación, que hace en la práctica indistinguible la voluntad (10%) y la explotación (90%), la inmigración y el tráfico de personas, el libre ejercicio y el proxenetismo.

La experiencia acerca del llamado trabajo más antiguo del mundo debería revelarnos que no es posible de momento resolver el problema, pero la reglamentación de esta actividad daría seguridad social, jurídica, sanitaria y económica a quienes deciden ejercer la prostitución, y separaría la voluntad individual del negro agujero de la explotación, permitiendo así perseguir con más fuerza a los miserables que se aprovechan de la necesidad ajena.

Y como ventaja extra, el Estado recaudaría, solo con el IVA, más de tres mil millones de euros al año. Suficientes para reforzar los medios policiales, judiciales y educativos para luchar contra esta lacra.

Autor de la imagen: Julica da Costa

21.3.11

Ya no hay pacifistas


Ayer se cumplieron ocho años del inicio de la guerra de Iraq. Ha sido un aniversario poco recordado porque entre la sucesión de Zapatero, los reactores de la central de Fukushima y sobre todo la intervención en Libia, no está la actualidad para efemérides.

Sin embargo, es relevante destacar la diferencia tan notable en la reacción de los pacifistas de hace ocho años. Se ve que los Bardem y compañía ya no son tan poco partidarios de utilizar la fuerza, o es que, seguramente, la guerra es buena o mala dependiendo de quien la promueve.

Causa estupor escuchar a la ministra de exteriores socialista, Trinidad Jiménez, vanagloriándose de que España desempeña un papel fundamental en esta intervención militar cuando era fija en las manifestaciones antibelicistas.

Jiménez ya se retrató cuando calló mientras la monarquía de Marruecos ejercía una brutal represión sobre los manifestantes saharauis. Ella, que defendía públicamente la autodeterminación del Sahara antes de ser ministra, y que hacía gala de su simpatía y cercanía por la causa.

Causa vergüenza ver cómo, los mismos que despotricaban contra Aznar llamándole asesino, callan cuando cuatro cazas F-18, un aparato de abastecimiento, una fragata, un submarino, un avión de vigilancia marítima y 500 militares españoles se dirigen a Libia para tomar parte en la operación "Odisea del amanecer" sin que el congreso haya dado todavía su autorización, lo que deja clara la importancia que concede Zapatero a sus propios compromisos.

En junio de 2003, 1.300 soldados españoles viajaron a Iraq. Hacía tres semanas que se conocía la resolución 1483 del Consejo de Seguridad de la ONU en la que reconocía la autoridad de quienes intervinieron a partir de marzo en el país, y en la que se hacía un llamamiento a todos los estados miembros para que ayudasen a la reforma y reconstrucción de Iraq en condiciones de estabilidad y seguridad. Los militares españoles cumplieron esa misión hasta 2004, cuando Zapatero decidió dar la espalda a sus aliados a pesar de la resolución 1546 aprobada en la ONU el 8 de junio en la que se reafirmaba el mandato de la ONU en la misión y en la que se pedía a los estados miembros que siguiesen prestando ayuda a la fuerza multinacional.

Poco importó que la participación española estuviese avalada por la ONU. Poco importó que la misión española no fuese en ningún caso ofensiva. Aznar era un asesino porque tenía que serlo. Faltaban nueve meses para las elecciones generales y las encuestas no eran favorables. Había que sacar a la gente a la calle.

¿Y ahora qué? Haciendo un ejercicio demagógico como los que vivimos esos días, ¿Son menos importantes los niños libios que los iraquíes? ¿Los muertos que dejen estas operaciones serán daños colaterales aceptables? ¿La negativa de Alemania a participar en esta guerra no es ahora tan importante?

Gadafi es un indeseable, un tirano y un asesino. Está reprimiendo a su pueblo de una manera brutal y descarnada. Sin disimulo. Ojalá la coalición de países que han decidido que es el momento de intervenir para evitar la masacre puedan tener éxito en su misión causando el menor daño posible. Gadafi es un peligro para su pueblo y para los demás, como lo era Sadam Husein. Ha llegado la hora de terminar con su tiranía y, en este caso, parece que no tendremos la oposición de falsos pacifistas.

Solo tenemos su hipocresía.

Autor de la imagen: Jesse B. Awalt (US Navy)