21.3.11

Ya no hay pacifistas


Ayer se cumplieron ocho años del inicio de la guerra de Iraq. Ha sido un aniversario poco recordado porque entre la sucesión de Zapatero, los reactores de la central de Fukushima y sobre todo la intervención en Libia, no está la actualidad para efemérides.

Sin embargo, es relevante destacar la diferencia tan notable en la reacción de los pacifistas de hace ocho años. Se ve que los Bardem y compañía ya no son tan poco partidarios de utilizar la fuerza, o es que, seguramente, la guerra es buena o mala dependiendo de quien la promueve.

Causa estupor escuchar a la ministra de exteriores socialista, Trinidad Jiménez, vanagloriándose de que España desempeña un papel fundamental en esta intervención militar cuando era fija en las manifestaciones antibelicistas.

Jiménez ya se retrató cuando calló mientras la monarquía de Marruecos ejercía una brutal represión sobre los manifestantes saharauis. Ella, que defendía públicamente la autodeterminación del Sahara antes de ser ministra, y que hacía gala de su simpatía y cercanía por la causa.

Causa vergüenza ver cómo, los mismos que despotricaban contra Aznar llamándole asesino, callan cuando cuatro cazas F-18, un aparato de abastecimiento, una fragata, un submarino, un avión de vigilancia marítima y 500 militares españoles se dirigen a Libia para tomar parte en la operación "Odisea del amanecer" sin que el congreso haya dado todavía su autorización, lo que deja clara la importancia que concede Zapatero a sus propios compromisos.

En junio de 2003, 1.300 soldados españoles viajaron a Iraq. Hacía tres semanas que se conocía la resolución 1483 del Consejo de Seguridad de la ONU en la que reconocía la autoridad de quienes intervinieron a partir de marzo en el país, y en la que se hacía un llamamiento a todos los estados miembros para que ayudasen a la reforma y reconstrucción de Iraq en condiciones de estabilidad y seguridad. Los militares españoles cumplieron esa misión hasta 2004, cuando Zapatero decidió dar la espalda a sus aliados a pesar de la resolución 1546 aprobada en la ONU el 8 de junio en la que se reafirmaba el mandato de la ONU en la misión y en la que se pedía a los estados miembros que siguiesen prestando ayuda a la fuerza multinacional.

Poco importó que la participación española estuviese avalada por la ONU. Poco importó que la misión española no fuese en ningún caso ofensiva. Aznar era un asesino porque tenía que serlo. Faltaban nueve meses para las elecciones generales y las encuestas no eran favorables. Había que sacar a la gente a la calle.

¿Y ahora qué? Haciendo un ejercicio demagógico como los que vivimos esos días, ¿Son menos importantes los niños libios que los iraquíes? ¿Los muertos que dejen estas operaciones serán daños colaterales aceptables? ¿La negativa de Alemania a participar en esta guerra no es ahora tan importante?

Gadafi es un indeseable, un tirano y un asesino. Está reprimiendo a su pueblo de una manera brutal y descarnada. Sin disimulo. Ojalá la coalición de países que han decidido que es el momento de intervenir para evitar la masacre puedan tener éxito en su misión causando el menor daño posible. Gadafi es un peligro para su pueblo y para los demás, como lo era Sadam Husein. Ha llegado la hora de terminar con su tiranía y, en este caso, parece que no tendremos la oposición de falsos pacifistas.

Solo tenemos su hipocresía.

Autor de la imagen: Jesse B. Awalt (US Navy)

No hay comentarios: